La educación en Roma 6 agosto, 2016 kzcanada One comment

La educación en Roma II

La difusión de la alfabetización en Roma fue un proceso gradual pero de gran importancia. La existencia de grafitos y el hecho de que el soldado medio supiera escribir cartas a su hogar sugieren que la escritura y la lectura superan el círculo de senadores y políticos.

Con todo, debemos tener cuidado y no exagerar: no había anteojos en Roma, ni anuncios impresos, ni horarios, ni circulación masiva de la Biblia. Se calcula que no más del 5% de la población de la Atenas clásica sabía leer y escribir, y en la Roma de Augusto la cifra no supera el 10%

En cualquier caso, para empezar, la alfabetización no suponía entonces la ventaja que hoy nos resulta tan obvia. En la antigüedad mucha gente desarrollaba una memoria prodigiosa era capaz de recordar sin error materiales de gran extensión, y otra se sentía contenta escuchando sus recitados: el respeto por la memoria estaba profundamente arraigado. De esta forma, la gente podía en verdad saber de letras (en el sentido de «conocer libros») de segunda mano.

Entre los argumentos en contra de una difusión más amplia de la alfabetización destacan los económicos. En la Roma clásica los rollos hacen de hojas de papiro pegadas juntas, eran difíciles de manejar y escribir en ellos con pluma y tinta era todavía mas difícil, sobre todo a medida que el manuscrito se alargaba.

Sin embargo, se producían copias: Cicerón es solo uno de los que enviaba obras a su amigo Atico, que tenía esclavos permanentes para hacer duplicados. Horacio se refiere a los hermanos Sosii, e insinúa que su negocio como editores- vendedores de libros era rentable; tanto Quintiliano como Marcial mencionan a Trifón y Arecto como editores. Con todo, esto parece dudoso.

Según un cálculo, una hoja de papiro en el siglo I d.C. costaba entre treinta y treinta y cinco dólares (de 1989) en Egipto, donde era fabricado, lo que significa que en el extranjero costaría mucho mas.
El primer libro de epigramas de Marcial, de unos setecientos renglones, se vendía a veinte sestercios (cinco denarios y su decimotercer volumen (de 276 renglones) a cuatro sestercios (un denario). darnos alguna idea de valor, Marcial mismo afirmaba que «es posible conseguir una cena de y una mujer por un as cada una». Dado que un as valía un dieciochoavo de un denario, esto significa que, como señala John Barsby, posible conseguir cuarenta y cinco cenas de garbanzos más cuarenta y cinco noches de amor por el precio de una copia del libro de epigramas de Marcial.

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